30 Aug
30Aug

Miguel Ángel Valero

Doble derrota de Trump en los tribunales, aunque habrá que esperar al desenlace definitivo de ambos casos. Un tribunal de apelaciones de Estados Unidos ha declarado ilícitos la mayoría de los aranceles que ha impuesto Trump al resto de países del mundo, aunque continuarán en vigor hasta mediados de octubre, para dar tiempo al Gobierno a apelar ante el Supremo.

La decisión judicial, basada en que el presidente de EEUU se excedió en su uso de la Ley de Poderes para Emergencia Económica Internacional de 1977 para imponer aranceles, también pone en peligro los cálculos presupuestarios de la Administración Trump, que cuenta con esos ingresos para reducir el enorme déficit público y financiar los recortes de impuestos de su última reforma fiscal.

Los jueces del tribunal de apelaciones han decidido, por una mayoría de siete contra cuatro, que “las leyes conceden una autoridad significativa al presidente para que adopte una serie de acciones como respuesta a una declaración de emergencia nacional, pero ninguna de esas acciones incluye explícitamente la imposición de aranceles o impuestos”. Asumen así la argumentación del Tribunal de Comercio de EEUU en mayo, tras una demanda presentada por Estados gobernados por los demócratas y por empresarios perjudicados por los aranceles.

Y desoyen los argumentos de la abogacía del Estado, que alegaba que un dictamen contra los aranceles tendría “consecuencias catastróficas”, porque EEUU ya ha firmado acuerdos comerciales con otros países, y "no podría devolver los billones de dólares que otros países se han comprometido a pagar, lo que provocaría la ruina financiera”.

Esta medida del tribunal de apelaciones no afecta a los aranceles sectoriales, como los automóviles, el aluminio o el acero, que no se han fijado apelando a la Ley de Poderes para Emergencia Económica Internacional, por lo que seguirán en vigor, con independencia de lo que finalmente decida el Tribunal Supremo.

Trump ha tardado poco en reaccionar a través de su red social Truth: "¡Todos los aranceles siguen en pie! Un tribunal de apelación enormemente partidista ha dicho incorrectamente que habría que cancelar nuestros aranceles, pero ellos saben que al final ganará EEUU. Si desaparecieran esos aranceles, sería un desastre total para el país, nos haría financieramente débiles. Si se mantuviera esta decisión, destruiría literalmente a EEUU".

Anuncia que recurrirá la decisión del tribunal de apelaciones, por lo que el asunto terminará en el Supremo (con mayoría conservadora, 6 de 9 jueces): “Con la ayuda del Supremo, usaremos los aranceles en beneficio de nuestra Nación, y Haremos a Estados Unidos Rico, Fuerte y Poderoso de Nuevo”.

Paralización de la ampliación de las deportaciones rápidas

La otra derrota judicial de Trump se debe a que la jueza federal Jia Cobb, nombrada en su momento por el presidente demócrata Joe Biden, ha ordenado paralizar con efecto inmediato la ampliación del programa de deportaciones rápidas puesta en marcha por Trump en Estados Unidos. La magistrada argumenta que extender este programa crea un “riesgo significativo” de que inmigrantes que pueden tener derecho a quedarse en el país sean expulsados sumariamente sin tener ocasión de que se examine su caso como es debido.

Y acepta el requerimiento de un grupo defensor de los derechos de los inmigrantes para suspender dos procedimientos en vigor desde la vuelta de Trump a la Casa Blanca en enero.

Se la da la circunstancia de que esa jueza es la misma que debe examinar la demanda de la gobernadora de la Reserva Federal Lisa Cook contra los intentos de Trump de despedirla.

The Trader: Suiza y Japón, entre las víctimas de los aranceles

El mundo entero está pendiente de lo que suceda con los aranceles de Trump. Pero hay varios países especialmente afectados. Uno es Brasil, castigado con tasas del 50% por el juicio al ultra Bolsonaro por el intento de golpe de Estado tras perder la presidencia en las elecciones. Otro es India, penalizado por comprar energía a Rusia.

El analista Pablo Gil, en The Trader, pone el foco en otras dos víctimas de Trump. Una es Suiza, donde la negociación para evitar los aranceles de Trump comenzó con esperanza, pero terminó en desesperación. El 4 de julio, los ministros suizos pensaban que habían logrado un acuerdo favorable. Sin embargo, solo tres semanas después, Trump impuso un arancel del 39%, el más alto del mundo desarrollado.

El proceso comenzó con negociaciones esperanzadoras. Los suizos ofrecieron concesiones en productos agrícolas y dispositivos médicos, mientras que EEUU, a cambio, acordó un arancel más bajo y evitaba gravámenes adicionales a los medicamentos. Pero a medida que avanzaron las conversaciones, la situación se fue deteriorando. El punto crítico llegó con una llamada telefónica entre la presidenta suiza, Karin Keller-Sutter, y Trump. En ella, el presidente estadounidense acusó a Suiza de “robarle” debido a un supuesto déficit comercial de 40.000 millones$. A pesar de los intentos desesperados de Suiza para solucionar la crisis, la respuesta fue clara: no hubo concesiones. El 1 de agosto, los aranceles entraron en vigor, causando una gran sacudida en la economía suiza, especialmente para sus gigantes farmacéuticos y fabricantes de relojes. 

"Manejar a Trump no es fácil. Líderes como Putin y Xi Jinping han sabido no ceder a sus presiones, lo que les ha valido su respeto. Pero esta misma firmeza también puede ser un error, tal y como pudo verse en el encuentro entre Zelenski y Trump en la Casa Blanca. Y no es el único, ya que el primer ministro canadiense también ha sido víctima de las iras del presidente estadounidense. Esto demuestra lo complicado que resulta negociar actualmente con EEU., ya que la postura de no doblegarse ante Trump, en ocasiones parece ser la llave que permite suavizar las tensiones existentes, mientras que otras veces se convierte en el catalizador de duras represalias comerciales", señala este experto. 

La otra víctima de los aranceles de Trump es Japón. Durante más de siete décadas, la alianza entre Washington y Tokio fue vista como irrompible. Nació tras la Segunda Guerra Mundial, se fortaleció en plena Guerra Fría y resistió tensiones comerciales, disputas tecnológicas y hasta el primer mandato de Donald Trump. Pero en su segundo paso por la Casa Blanca, la relación se ha resentido de manera visible.

Trump impuso un arancel del 15% a Japón, un golpe inesperado para un socio que durante años fue el mayor inversor extranjero en EEUU. Las negociaciones fueron largas y ásperas, y dañaron la posición del primer ministro, Shigeru Ishiba, que ya lucha por su supervivencia política tras perder el control de la Cámara Alta en julio.

La desconfianza se refleja también en la opinión pública: un 77% de los japoneses no cree que EE. UU. acudiría en su defensa en caso de ataque. El vínculo que antes parecía incuestionable empieza a mostrar fisuras. Incluso dentro de las élites conservadoras japonesas han surgido voces que plantean que la alianza no puede seguir tratándose como un hecho inmutable y que Tokio debe prepararse para defenderse solo, o incluso explorar acuerdos con China en el terreno comercial.

Más sorprendente aún es el debate que ha comenzado a abrirse sobre la opción nuclear, un tabú desde Hiroshima y Nagasaki. Aunque sigue siendo minoritaria, que una parte de la sociedad japonesa lo considere ya como posibilidad, muestra hasta qué punto la confianza en el paraguas de seguridad estadounidense se ha debilitado.

"Japón fue durante décadas la pieza más sólida de la arquitectura militar de EEUU. en Asia. Hoy, esa certeza ya no es tan clara", advierte.

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